Colombia se desangra. “Que maten, violen, desplacen…, eso no es problema mío”.

Para el segundo semestre del año 2017, publiqué un artículo resultado de investigación, titulado “Paz o desmovilización: Justicia transicional, indultos, amnistías, perdones judiciales y posconflicto”. En las conclusiones de esta investigación y otra que la antecedió; en poco más de dos años de estudios investigativos; llegué a las siguientes conclusiones:

Colombia es un importador compulsivo, incluyendo modelos para pensar en pos-acuerdo y pos-conflictos; sin atemperarse son instalados en nuestra República, sin tener en cuenta que los modelos extranjeros están elaborados para sus casos en particular y Colombia es un caso que tiene su propia problemática, necesidades y dinámicas.

Es decir, vamos aplicando los procesos de paz y en la medida que se desarrollan vamos mirando qué vamos haciendo. O sea improvisación. Sin embargo, se dejan de lado los primordiales asuntos a tener en cuenta, los que deben experimentar cambios profundos en el modelo económico y social; que somos un Estado agrícola; de ninguna manera, podemos seguir basando la economía y sobreviviendo de explotar y vender los recursos naturales como carbón, petróleo, oro, entre otros, mientras cada vez caemos más bajo en recursos (ejemplo, el agua); porque la minería y tala ilegal es un asunto tan serio, pero vivimos en la “matrix”. 

Es primordial,  generar estrategias  de  desarrollo  de  las  regiones,  la falta de verdadera presencia del Estado es primordial, no son dos o tres policías o soldados, parados en la esquina o en una tienda; es de tener presencia  en  términos  militares, sociales, políticos y económicos; porque el estamento debe copar  los  espacios  dejados  por  la  presencia  militar  de los  grupos  ilegales, poner punto final al doloroso abandono histórico en los territorios.

Esta presencia debe ser fuerte, permanente y en equidad; esto sumado a verdadera  inversión  social en hospitales, escuelas, colegios, vías para sacar los productos y unir al Estado con los territorios (infraestructura). 

La verdadera presencia del Estado en cada uno de los rincones del territorio nacional debe ser real, salirse del discurso demagógico, populista y supuestamente independiente (Eso no existe, todos requieren del respaldo de los que ocupan los factores reales de poder); terminar con la manipulación y venta de miedo, guerra y falsas perspectivas de paz y seguridad.

El pueblo debe preocuparse por su adquisición de cultura política, el aprender cuando el otro desea: jugar con sus sentimientos, anhelos, deseos; cuando es víctima de manipulación; cuando se está de cara a simulacros de amistad, propuestas de búsqueda del bien general (…). La verdad es que somos un pueblo carente de cultura política y apatía por acercarnos a ella; y por esto nos calan discursos que buscan el bienestar particular e individual y egoístas, y que están tan alejados del bien de todos nosotros.

A los ilegales arrebatarles su discurso y golpear sus estructuras financieras; si el pueblo tiene trabajo, en donde trabajar, en donde vivir, estudiar con seguridad; los criminales detestan el orden, la organización; y sin espacios donde copar con sus estructuras ilícitas; pierden rápidamente músculo financiero.

El panorama colombiano es realmente preocupante, la brecha de desigualdad social cada vez es mayor, el Estado parece incapaz de controlar los rezagos y nuevas incursiones de violencia, los gobernantes no se conectan con el pueblo y por ello son insensibles a sus padecimientos.

Estamos sumidos en una profunda crisis de inseguridad; los grupos guerrilleros actuando narcoterroristamente, las disidencias de la FARC recuperando cada vez más los espacios que ocupaban antes del proceso de paz; el crecimiento de los neo-paramilitares, están doblegando a Colombia y es el pueblo quien sufre las consecuencias.

¿Que nos pasa?, ¿porque tanta apatía?, vivimos en la falta total de amor por nuestros territorios, del Estado y por ende de nosotros mismos; como si alguien nos lo hubiera regalado y no costará mantenerlo, (y bastante que pagamos en los impuestos de los alimentos, en servicios públicos, cada día están más costosos; en la gasolina, compramos una casa, un automotor, le pagamos impuestos por la compra y por el resto de nuestra vida, además que todos terminaremos pagando renta; mejor dicho en todo y por todo impuestos); el desinterés por los que desplazan y viajan errantes con sus niños, por los niños que mueren de desnutrición, por los abusados sexualmente, por las tomas violentas de sus pueblos y veredas. 

Colombia es nuestra y sus gentes, nuestros hermanos, dejemos el conformismo y acomodarnos a vivir cada día con menos, de lo que es nuestro.

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