Cuando se sacude la barca…

Por: Pbro. Freddy Bustamante
Twitter: @yofabuca

Entonces Jesús les dijo: "¿Por qué tienen miedo?", (Mc. 4, 39) y el texto de una manera maravillosa nos muestra que se puso en pie, increpó los vientos y todo volvió a la normalidad. ¿No te has puesto a pensar que la barca es sacudida no por las olas sino por los miedos? En ocasiones lo que te está zarandeando la vida no son ni siquiera las dificultades, sino la falta de coraje para afrontarlas. Lo que está sacudiendo tu ser, así no lo quieras reconocer, son los miedos contenidos, que, en vez de sanarlos, has venido robusteciendo.

Las situaciones adversas siempre estarán listas para hacer su asomo y frente a estas, necesitamos personas revestidas de una fuerza maravillosa, de un ímpetu renovado, de una valentía con raíces, de modo que cuando tiemble el mundo, no tiemble la vida, cuando se sacuda la tierra, no sean sacudidas las esperanzas.

Los problemas prefieren anidar las almas débiles, es por eso que aquel día, cuando la tempestad arreciaba contra la barca, lo que se puso a prueba no fue otra cosa que los ánimos de aquellos hombres, que haciendo travesía, no estaban listos para afrontar los reveses que siempre saldrán al paso, de quienes, con una actitud de derrota, tienden a provocarlos. Pareciera y esto es una impresión muy personal, que los miedos se activaran en la vida de quienes no saben cómo poner a funcionar la fuerza y el valor. Solo vencen los que saben de qué están hechos.

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Cuando se sacude la barca, el marinero toma precauciones, es capaz de interpretar con exquisita prudencia lo que acontece y tomar medidas sensatas, para con experticia, llevar el navío a un puerto seguro.  El marinero no pone en riesgo la vida, sabe prever y resolver, es por eso que no permite se desmoronen los ánimos, por el contrario, saca lo mejor de sí, solo así podrá encontrarle una salida inteligente al reto que le acompaña.

Cuando se sacude la barca se sacuden las redes, las herramientas, las cargas, el equipaje… Se sacuden las cosas de afuera que son accesorias, pero no puede sacudirse lo que reposa en el interior. Allá, adentro, están las motivaciones, las alegrías, los sueños, los proyectos, la bondad, el amor; allá adentro, muy agarrada a la vida, se encuentra la fe, que nos grita que todo va a estar bien y que Dios, como compañero de camino, va con nosotros.

Cuando se sacude la barca tienden a desacomodarse ciertas cosas. Algunas pueden echar a perderse, pero otras pueden volver a su lugar. La vida en ocasiones nos sacude para provocar el que se equilibren las cargas, y podamos, casi que de forma natural, permitir se reacomoden las situaciones. Los testimonios de muchas personas coinciden en que fue después de una “sacudida”, como se empezaron a descubrir con claridad los caminos. A veces lo que necesitamos es también que se nos sacuda la mirada, abrir los ojos, para caer en la cuenta de que hay que ser responsables de aquello que no hemos querido ver y por lo tanto reconocer.

En estos momentos también se experimenta en nuestro país, en nuestra ciudad, en nuestras familias, un poco de agitación. Se mueven cosas, se toman decisiones, sentimos que se nos violentan los derechos y se vulneran, sin reserva, nuestros principios. Estamos siendo sacudidos. No permitamos que el miedo aparezca como fruto de las olas que van y vienen. Dentro de ti, hay algo más fuerte que las olas y es la voluntad, el dominio propio, la bondad del corazón. Allá, muy adentro, hay un ser inamovible, un hombre de acero, capaz de hacer frente con inteligencia a las contrariedades. 

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Recuérdalo por favor. No es el mar embravecido el que te está sacudiendo, es el miedo el que en ocasiones te apabulla, queriendo hacer, como siempre, que renuncies a un timón, que hoy más que nunca tiene que ser tomado con firmeza. Es tu vida y la de los tuyos la que está en juego. Sigue adelante, una larga travesía te espera.

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