Cuando un robo te salva la vida...

Por: Pbro. Freddy Bustamante
Twitter: @yofabuca

Hace un año me tocó afrontar uno de esos momentos en los cuales crees que no vas a sobrevivir. Tan difícil que la columna en ese entonces la titulé: 'Una película de terror por las calles de mi ciudad'.  Recuerdo esos días de tanto dolor y me estremezco. ¡Qué duro lo que viví, pero qué bello lo que aprendí! También esos momentos de prueba vinieron con sus propias enseñanzas. 

Una de ellas, ante la inminencia de una enfermedad que no daba tregua y reclamaba una respuesta inmediata, se dio cuando no podía encontrar oxígeno para mi hermana en ningún lugar de la ciudad. Comenzamos rápidamente a hacer la gestión con la EPS que nos acompaña, no alcanzando una respuesta oportuna. A esto se le suma la dificultad en los trámites y requerimientos para alcanzarlo (como suele suceder), situación que provocó el que mi hermana se agravara, y la enfermedad, con toda su especificidad, fuera haciendo de las suyas. Sin respirar y anhelando una bocanada de aire, sentía que se iba de este lugar, en el que hasta el aire para sobrevivir había que salir a buscarlo.

Me di pues a la tarea de hacerlo, se trataba de una vida y la vida de mi hermana a quien tanto amo. Recordaba por esos días a Emil Sinclair, quien en 'Demian', obra maravillosa del nobel literario Herman Hesse, recurre a inventarse un robo para terminar cayendo en las garras de un joven llamado Franz Kromer, quien con una estrategia manipulada le hace jurar que era verdad, so pena de ser denunciado ante el molinero. También yo me inventé un robo, con la diferencia de que este sí fue efectuado.

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En complicidad con un amigo y con el corazón abatido de dolor, ante la impotencia de no poderle dar respuesta a esta situación, planeamos el hurto. “Llegué al parqueadero del hospital”, me dijo, “yo tendré allí la pipeta cubierta con una sábana, con precaución y sin que nadie nos vea, la subimos al carro y te vas...” Así se hizo.  Acompañado por el miedo que provoca hacer algo que no es correcto, me dirigí al subterráneo del edificio donde tomé el preciado objeto y salí disparado como alma que lleva el diablo. En el fondo tenía susto, pero eran más fuertes las motivaciones que, azuzadas por la esperanza, me llevaban a no rendirme.

Nadie podrá imaginar el gozo triunfal que experimenté ante tal hazaña. Al llegar a casa pude conectar el tanque y ofrecerle un poco de oxígeno robado a quien ya comenzaba a robarle tiempo a la vida. La situación se agravaba con el paso del tiempo, hasta el punto que tuvimos que montarnos en una experiencia que en ese momento describí como algo semejante al paseo de la muerte. En fin, pudimos usarla y retrasar un poco lo que ya había ganado terreno. Una unidad de cuidados intensivos en la que esta historia tendría un mayor desenlace.

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A los pocos días, con la ayuda de la misma persona, pude devolverla al hospital utilizando la misma estrategia y pagando el valor correspondiente. ¡Puede que moralmente no sea justificable!, pero ese día y viendo a mi hermana tan mal, entendí que si tuviera que volver a hacerlo lo haría. Solo Dios sabe la manera como esos días estuvieron acompañados de impotencia y de miedo. Solo Dios lo sabe.

Hoy mi hermana está en casa, gozando de una oportunidad más que le regala vida. También ella entendió que hay robos permitidos. Ella misma le arrebató de las manos a la muerte el que la llevara consigo.

Cuando un robo te salva la vida eres invitado a vivir la vida como un don, esa es la diferencia entre los que la viven como un regalo o aquellos que se acostumbraron a hacerlo. En el fondo, solo aquellos que pueden contar la historia de un milagro en sus vidas, son aquellos a los que les tocó perder un poco, pero a la final salieron ganando. Hoy reconocemos que al final el robo mayor no fue aquella pipeta de oxígeno, sino más bien el haberle robado a Dios unos días más de vida para quien aún no le había llegado su turno.

Si un crucificado al lado de Jesús es llamado “el buen ladrón” pues se robó el cielo, entonces robar no es tan malo, robémosle a esta vida lo bueno y saquemos de lo bueno siempre lo mejor.

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