Escuela de exportación

Por: Iván Pérez
IG: @ferche2000

Colombia se ha caracterizado desde el siglo pasado por exportar una gran cantidad de productos agrícolas principalmente café, plátano y flores; en los últimos años se habla del cacao, el pimentón y el famoso aguacate Hass al que muchos ven como el fruto clave en los mercados internacionales. Cambiando de escenario hacia el contexto deportivo se habla del gran conjunto de atletas que el país viene entregando al mundo especialmente en materia de futbol y ciclismo; pero lo realmente inverosímil es que en varios lugares del este planeta tierra, escuelas del globo terráqueo, estudiantes de diferentes nacionalidades, docentes de diferente raza, lengua y creencia vienen implementando en sus ambientes de aprendizaje un modelo educativo made in Colombia. 

Para hablar al respecto, debemos remitirnos a los años 70, cuando un grupo de profesionales colombianos, en su gran mayoría pedagogos, se dieron a la tarea de encontrar el modo de garantizar la educación básica especialmente en las zonas rurales, a través de un modelo educativo que respondiera a las dinámicas sociales y educativas de las escuelas, caracterizadas por tener ambientes de aprendizaje multigrado y mono-docente. Este modelo logro universalizar la educación básica en Colombia y fue denominado “Escuela Nueva”.

La Escuela Nueva se plantea como un modelo didáctico y educativo distinto al tradicional que convierte al niño en el centro del proceso de enseñanza y aprendizaje, dejando de lado el papel del maestro como autoridad y único portador del conocimiento, para convertirlo en un dinamizador de la vida en el aula, que está al servicio de los intereses y necesidades de los estudiantes. Este programa implementado mayoritariamente en las zonas urbano-marginales, cuya base son los principios del aprendizaje activo, la implementación de un currículo adaptable a las características socio-culturales de cada región del país, procurando una relación fuerte y estrecha entre la escuela y la comunidad a través de mecanismos de participación como proyectos comunitarios y gobierno escolar; se centra en los intereses espontáneos del niño y aspira a fortalecer su actividad, libertad y autonomía.

Las bondades de este conjunto de estrategias pedagógicas y didácticas 100% colombianas han sido reconocidas a nivel internacional con un sinnúmero de galardones y viene implementándose en más de 40 países, los cuales frecuentemente a través de sus comitivas educativas visitan aulas de nuestros entornos rurales donde el modelo es cada vez más actual y con mejores resultados. Si bien la gran mayoría de quienes buscan aplicar estos procesos se enmarcan en el contexto latinoamericano y del caribe, cabe resaltar entre extrañeza y orgullo el caso de Vietnam donde con el acompañamiento de una misión de maestros colombianos, se realizaron las primeras pruebas en esta materia y hoy en día estas prácticas han sido universalizadas en todo el país, con mediciones realizados por el mismo Banco Mundial arrojando excelentes resultados en el mejoramiento de la calidad educativa y la transformación en las formas de enseñar y aprender.

Este tipo de iniciativas y transformaciones de gran escala que en muchas ocasiones desconocemos nos inyecta optimismo, nos permite reconocer las capacidades de los maestros colombianos y sobre todo nos invita en palabras de Vicky Colbert fundadora del modelo  a “un cambio substancial en los conceptos de educación y conocimiento que incluya la capacidad de comprender lo que se ha aprendido, desarrollar capacidades, conocimientos e información en la vida diaria, aprendiendo a convivir en una sociedad más compleja”.

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