La bibliomanía también incluye esto

Por: Alejandra Restrepo Bolívar
IG: @queleoyo

Uno solo conoce el miedo cuando ama verdaderamente algo o a alguien.

Yo no le temo a la extinción de la guanábana, porque no la quiero ni poquito, pero en cambio con los libros tengo muchos temores.

Empecé a amar los libros por herencia, pero me obsesioné con ellos por gratitud y al día de hoy creo que son el único vicio que solo trae beneficios… o si alguien tiene un argumento que derribe mi creencia que hable ahora o calle para siempre.

Mentiras que ahora que lo pienso, si un individuo deja de dormir, de trabajar, de comer, de estar con su familia por leer… Ah bueeeeeeno, ahí sí puede ser problemático… Pero no creo que exista tal personaje.

Cuando uno se vuelve bibliómano(a) incorpora a la vida algunos comportamientos TOC, el miedo, aunque ¿será exageración decir miedo? llamémosle desazón por respeto a los 10 semestres de Psicología que estudia mucha gente para diagnosticar un TOC… La desazón llega a nuestra vida por distintos frentes y a veces se vuelve complejo… En serio.

Prestar un libro, comprar el primer libro de una saga y que no lleguen los otros, tenerla en distintos tamaños o lo peor que el autor se muera sin terminar de escribirla, que se doble una página, que se ensucie, que se rompa, encontrar errores de ortografía, todo esto se vuelve una verdadera pesadilla.

Hay temor de perder la vista, de morirse sin leer Don Quijote o todo lo que se quiere leer, de no tener tiempo suficiente en el día a día para leer, de perder el gusto, de no entender lo que se lee, de no acordarse, de no salir del bloqueo lector, de tener que mudarse al exterior y dejar todos los libros.

Y para mucha gente estas son tonterías, llegan a decir: "¿en serio te vas a poner así por eso?" Pero amigo(a) sí, sí me pongo así y los bibliómanos y nuestros temores también merecemos respeto, así como uno no entiende el temor a una mariposa, el origen de los agujeros negros o la utilidad de las fórmulas del cálculo diferencial en la vida real, no es necesario que lo entiendan, pero sí que lo respeten y que sepan que esto le pasa a mucha gente.

Así vivimos los lectores y se los cuento no para que se acobarden en su propósito de convertirse o seguir siendo un(a) gran lector(a), sino para decirles que todos estos temores pasan a segundo plano cuando la lectura nos atraviesa la vida con su magia.

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