La revolución de las habilidades

En el marco de la cuarta revolución industrial (4RI), caracterizada por la disrupción en todos los contextos sociales, desde la forma en que socializamos, laboramos e incluso como aprendemos.; estamos llamados a la acción y al cambio no solo del cómo actuamos sino también de lo qué somos. Esta transformación, incluye retos para todos los sectores especialmente la industria y los escenarios educativos. A diferencia de las revoluciones anteriores, en esta tenemos la oportunidad de pensarla más allá del ahora, de ver hacia dónde se encamina, de reducir las falencias y de expandir los beneficios.

Dentro de los desafíos más significativos a nivel del aprendizaje en la 4RI, encontramos la necesidad imperante de desarrollar no solo habilidades duras (conocimientos) y sino aquellas denominadas blandas (socioemocionales), fundamentales para afrontar el presente y encaminarnos hacia el futuro; estas permiten adaptarse a los cambios, ser resilientes e impulsar la capacidad de liderazgo.

Bajo este panorama y en relación con los abruptos cambios que ha traído consigo la pandemia, muchos expertos afirman que asistimos a la revolución de las habilidades en todos los niveles, tal como lo asegura la experta en emprendimiento Andrea Gamboa: “Estamos viviendo el cambio más importante de la fuerza laboral desde la Segunda Guerra Mundial, y es una tendencia que continuará. Las habilidades más demandadas en la fase inicial de la crisis son completamente distintas a las que las organizaciones buscan hoy”.

Por tal motivo; la comunicación asertiva, la capacidad de adaptabilidad, el pensamiento analítico, las relaciones interpersonales y la empatía, son tan o más importantes que los contenidos que se vienen impartiendo en las aulas de nuestros colegios y universidades. Hoy no solo basta con tener conocimientos o un talento desarrollado, lo esencial es la capacidad de poner en juego esos saberes de acuerdo con las necesidades del entorno en el que nos encontramos inmersos.

Como escuela, familia y sociedad estamos llamados a propiciar espacios para el encuentro que trasciendan la apropiación tecnológica, lugares para potenciar estas habilidades y educar para el futuro. Es así como la   formación en cualquier contexto debe tener una clara intención de fortalecer el desarrollo personal del estudiante, generando la capacidad de reconocer e interactuar con el entorno de manera responsable, participativa, innovadora, ética y con sentido social.

Iván Pérez

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