¿Por qué nos importa el arte?

POR: LINA BOTERO VILLA

¿Por qué nos importa el arte? No saben cuántas veces al día me hago esta misma pregunta, no alcanzan a imaginar cuántas horas de mi vida dedico a buscar respuestas a esta cuestión.

Habíamos visto la niebla, pero no la habíamos notado, dicen que no había niebla en Londres hasta que Whistler empezó a pintarla. Y es que, tras el arte, subyace una cantidad profunda de elementos que, a simple vista, como la niebla, muchas veces no vemos, o que como Whistler, se hacen visibles cuando un artista las pone de manifiesto.

Hace poco termine una lectura preciosa sobre las cualidades terapéuticas que tiene el arte y quisiera compartir algunas reflexiones. Para los autores del libro, “el arte tiene una función clara: es una herramienta terapéutica que nos ayuda a llevar una vida más satisfactoria (…), usamos el arte para proveernos de lo que nos falta en la vida, para equilibrar nuestra existencia.

Últimamente he estado pensando que los modelos económicos y sociales en los que hemos crecido y nos han formado le han dado mayor prevalencia al tener que al ser; que pertenecemos a una sociedad de resultados, no de procesos; donde lo que no se mide en términos cuantitativos es de menor valía que aquellas cosas que se miden por sus beneficios sociales de manera cualitativa. Así, el arte y la cultura no la tienen fácil, deberán continuar haciendo contrapeso a los estándares de logros puramente económicos, financieros o cuantificables. Somos seres humanos, de carne y hueso, hechos de emociones, sensaciones y subjetividades, pero nos resistimos férreamente a reconocer nuestros aspectos más humanos, y muchas veces necesitamos del arte para volver sobre ello, “un gran artista sabe cómo atraer nuestra atención hacia los aspectos más tiernos, inspiradores y enigmáticos del mundo; nos ayuda a hacer a un lado nuestra prisa displicente y aprender a buscar y a encontrar en nuestro propio entorno algo de lo que Hooch o Hopper, Cezanne o Rembrandt encontraron en el suyo”.

Los artistas nos han mostrado una y otra vez el valor de lo simple, la belleza en lo cotidiano, nos enseñan a ver las cosas como nunca antes las habíamos visto. Nietzsche planteaba que, “estas cosas pequeñas ­–nutrientes, lugar, clima, recreación, casuística completa del egoísmo- están más allá de cualquier concepción de una importancia mayor que cualquier cosa que haya sido considerada importante hasta entonces”. El arte es un trasmisor y conservador supremo de las experiencias humanas, es una de las respuestas fundamentales a las consecuencias del olvido porque nos permite aferrarnos a las personas o a las cosas que amamos cuando ya se han ido ya sea a través de un cuadro, un libro, una fotografía.

El arte nos debe importar porque nos ayuda a preservar el optimismo, nos hace más conscientes de los problemas de la vida y lo que les falta a nuestras sociedades. Cuando estudiamos el arte, aprendemos más de nosotros mismos. Una sociedad civilizada se crea, en gran medida, a través de la guía equilibrada de las emociones humanas, y la cultura es uno de los mecanismos más idóneos para hacerlo. Es la música que escuchamos, los libros que leemos, las películas que vemos o las pinturas que colgamos en nuestras casas las que funcionan como maestros sutiles de nuestras vidas.

Finalmente, el arte nos debe importar porque su gran misión histórica ha sido y seguirá siendo: cambiar la manera en la que experimentamos el mundo.

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