Prohibido leer

A partir de hoy queda prohibido leer. Se cierran las bibliotecas, se prohíben las librerías, el presidente de la nación ha dado la orden de encarcelar a cualquier persona que sea vista en público leyendo o en posesión de un libro, la policía puede registrar cualquier casa y prenderle fuego a los libros que encuentre en ella y llevarse preso al dueño de la propiedad.

Lamento informarle que, a partir de hoy, usted no volverá a distinguir ninguna letra o número, la enfermedad en su cerebro ha avanzado muchísimo y leer, cualquier cosa, le será imposible.

Con la reforma del sistema educativo, se espera que los niños y niñas no vuelvan a leer, toda la educación será auditiva y visual…

¿Qué cosas tan horribles cierto? ¿Qué pasaría si un día no pudiéramos volver a leer? Como la ironía es nuestro pastor, seguramente si un día recibiéramos esta noticia, muchos diríamos…” noooo, pero si yo la otra semana sí iba a empezar a leer”.

Esta semana leí Una corte de rosas y espinas de Sarah J. Maas y El lector de Bernhard Schlink, dos libros muy distantes, que no deberían tener alguna similitud y, sin embargo, encontré un factor común en los dos: las protagonistas de estas dos historias no sabían leer y esto les causó grandes sufrimientos… yo me quedé pensando… pobres personas que no han aprendido a leer o que vivieron en las dictaduras que lo prohibían, pero recontra pobres personas las que pudiendo leer no leen.

Nunca lo diría como un reproche, estoy convencida de que las personas que pudiendo leer no lo hacen es porque no han tenido la oportunidad de conocer los libros de una forma amigable, cercana, no han tenido un papá, un amigo un profe que les haya enseñado la magia de la lectura, otros sencillamente no encuentran algo atractivo en los libros pero lo encuentran en un deporte, en compartir con la familia, en una labor social y eso también es válido, no todos transitamos por la vida de la misma manera y siempre y cuando lo hagamos de una manera respetuosa y consciente, todas las formas son válidas.

Sin embargo, escribo esto dirigido a los que sí amamos la lectura y lo inicié muy al estilo de Fahrenheit 451 – que a propósito es una distopía que les recomiendo mucho mucho – para ver si causa el efecto de sacudida que necesitamos todos.

Nunca es tarde para convertirnos en una persona de esas que antoja a otro de un libro, uno no sabe, pero el efecto tan poderoso que tiene la imagen de una persona leyendo en el metro, de una persona que en las conversaciones menciónalo que ha aprendido del último libro que está leyendo (sin volverse fanfarrón o pretensiosx pues ¡cuidadito!), uno no sabe lo que mueve la pregunta ¿ya te leíste tal cosa?... uno no sabe. Pero si cada uno de nosotros, lograra antojar a alguien de leer estoy convencida de que nunca llegaríamos a escuchar que en nuestro país un presidente prohibió la lectura… porque un país que lee, nunca elegiría un dirigente así.

 Alejandra Restrepo Bolívar
IG: @queleoyo

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