¿Quién cree hoy en partidos políticos y sus representantes?

En la naciente Republica de Colombia, corría el año de 1824, al seno del Congreso se conformaron dos partidos políticos denominados los del Valle y los de la Montaña; los primeros conformados por personas ilustradas, de principios liberales y que apoyaban al las ideas de gobierno; los segundos opositores de esto último y de ideas conservadoras.

En la medida que la relaciones entre Bolívar y Santander se deterioraban; así mismo entre los partidos se distanciaban y subían el tono de sus agresiones entre sí; pero sin llamarnos a engaños; cada uno buscaba sus intereses de representatividad de su propia clase.

Las diferencias entre los partidos políticos se enmarcan desde la Independencia en la disputa de las elites por hacer prevalecer las ideas de su elite sobre las otras y para ello requieren hacerse al poder y conservarlo; reflejo de ello es la inestabilidad constitucional y las reformas constantes a la misma, con la propaganda de hacer frente a los conflictos sociales y políticos; sin embargo, la brecha de desigualdad social, inequidad y pobreza son crecientes.

Los partidos políticos mantienen la sociedad colombiana dividida, haciendo ver como los problemas que se padecen son responsabilidad del bando contrario, no obstante al hacerse al poder no logran canalizar las demandas del pueblo; lo que llevo a una distorsión de las ideologías que distinguían al uno del otro; de esta manera, con la aparición de la Constitución de 1991, se abrió la puerta para que aparecieran nuevos partidos.

La bandera de estos nuevos actores políticos era la de mostrar que los partidos tradicionales solo defendían las ideas de sus clases, dejando de lado a las gentes de la ruralidad, pobres y clase media; de esta manera, se amplió el abanico de posibilidades en partidos políticos que van desde demagogos hasta los demócratas y al interior de estos se encuentran misturas y alianzas.

Lo cierto, es que ninguno ha demostrado más allá del papel y los discursos ser poder satisfacer las demandas y necesidades del pueblo, materializándose en  desconfianza y apatía política; sin perder la posibilidad de dividir al pueblo y materializar esta división en las urnas.

Del bipartidismo a la multiplicidad y diversidad partidista; la percepción de representación se perdió en el pueblo, la espera de la llegada de otro gran líder, se materializa en el conformismo de ver y escuchar a otro medianamente diferente que no canse con su discurso calcado desde aquel 1824; y conformarnos con seguir viendo alianzas, clientelismo y falta de claridad en sus discursos del estudio de las demandas, reclamos y necesidades del pueblo y las respuestas de lo que se propone hacer, como se va a hacer y cuando lo va a hacer.

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