Resistencia entre sueños: cien años de la Nororiental

POR: LINA BOTERO VILLA

De las cosas que más he disfrutado este año atípico ha sido el ejercicio de escribir. Esta semana, el tema de mi columna llegó a mí por alguien que ya conocía, pero que descubrí mucho más a fondo escribiendo mi tesis de maestría en historia del arte, tesis que ahondaba en la Medellín de los ochenta y noventa, de esa ciudad construida en medio de enormes desigualdades cuyo desenlace trágico, todos conocemos.

La historia de las violencias en Medellín la conocemos todos, pero hay otras de las que poco sabemos, aquellas que se narran en los territorios, de personas que, de manera silenciosa, decidieron tomar parte activa en esa problemática social que veían exacerbarse día a día en sus barrios, afectando y estigmatizando principalmente a los jóvenes.  

Me refiero a personas como Luis Fernando García, el Gordo de Barrio Comparsa. Para quienes no lo conocen, el Gordo es uno de los referentes culturales más representativos de la zona Nororiental de Medellín donde están las comunas 1-Popular, 2-Santa Cruz, 3-Manrique y 4-Aranjuez, una zona que por estos días cumple cien años desde que inició su proceso fundacional hacia 1920 y que a través de los años se ha construido a punta de solidaridad entre vecinos, cooperación, convites y valentía, mucha valentía.

Y es que las personas que nacieron y crecieron en la Nororiental se parecen mucho a su territorio, compuesto de laderas, barrancos, cañadas y calles curvilíneas, de colinas empinadas y paisajes multicolores. Quienes nacieron allí y no sucumbieron ante la violencia, tuvieron, por el contrario, el temple de sus colinas, la fuerza de sus montañas y la alegría propia de su policromía.  

Esa dinámica tan compleja, pero tan rica, tan sufrida y estigmatizada, pero tan alegre y optimista, hizo de la Nororiental un territorio ideal para la proliferación de una escena cultural que oscilaba entre la bohemia y el tango, el punk y el metal, el rock, la salsa, y adentrado ya el siglo XXI, el hip hop. Y es que de estas comunas han resultado varios de los proyectos artísticos, sociales y culturales más potentes de la ciudad como Siguarajazz, orquesta de salsa de Manrique Oriental donde además tocan tres de los cuatro hijos del Gordo; Crew Peligrosos de Aranjuez, representantes del hip hop como movimiento cultural; Alcolirycoz, una de las más importantes agrupaciones de este género en el país. Y con la música llegó el baile, compañías de salsa y tango como Unión Latina y el Balcón de los Artistas no solo han sido referentes por sus procesos sociales, sino que, además, su calidad artística los ha llevado por diferentes escenarios de Colombia y el mundo. Y como no mencionar la Casa Amarilla de la Corporación Cultural Nuestra Gente en Santa Cruz, un Centro de Desarrollo Cultural profundamente comprometido con las comunidades barriales de la zona Nororiental.

Vivir en Medellín y no conocer estas historias, estos proyectos y procesos culturales que le devolvieron la vida a la ciudad, es desconocer décadas de resistencia, de sueños comunes, trabajo comunitario y cooperación, pero sobretodo, como lo leía hace poco, “en diferentes tiempos de estos cien años de construcción colectiva, han sido muchas las expresiones de persistencia, testimonios para recordarnos la esperanza y solidaridad de quienes volvieron esta montaña su hogar”. 

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.