Tres preguntas

Durante los últimos años se ha venido hablando con más frecuencias de la cuarta revolución industrial; entendida como la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas; características que auguran un cambio fundamental en la forma en que vivimos, trabajamos, nos relacionamos y por supuesto en la manera que aprendemos.  Pero ¿qué significa aprender en el marco de la cuarta revolución industrial?

Muchos han etiquetado estas nuevas formas de aprender con el rotulo de educación 4.0, un aprendizaje que no está centrado en los contenidos, sino en la formación de estudiantes competentes, aquellos que conocen, que saben hacer, saben aplicar y saben ser. Para lograr esto, la dinámica y los programas escolares deben cambiar radicalmente; la educación no debe estar centrada en el profesor sino en los estudiantes, se deben considerar los estilos, los tipos de aprendizaje y las inteligencias múltiples predominantes, además debe tener un gran enfoque en el aprendizaje cooperativo y por competencias. 

Bajo esta perspectiva, surge una segunda pregunta: ¿Está nuestro sistema educativo en consonancia con los desafíos de la educación 40? basta solo con pensar en la clases presenciales o virtuales, las tareas académicas, las formas de interactuar con los contenidos, la formación docente en estos nuevos aspectos, la infraestructura física y tecnológica, entre otros elementos que nos llevan responder a esta pregunta con un rotundo NO.

Nuestro sistema educativo en su gran mayoría se ha quedado anquilosado en las más rusticas prácticas de enseñanza y aprendizaje, aquellas que se caracterizan por la transmisión de contenidos a los estudiantes, con el objetivo de un aprendizaje memorístico para luego responder a exámenes que demuestren lo “aprendido”. Es una educación centrada en el docente, el cual se considera como el único poseedor del saber y el conocimiento, los estudiantes reciben el mismo tipo de instrucción de forma pasiva, con poca o ninguna participación o propiedad en sus procesos de aprendizaje. Este sistema educativo tradicional impide el desarrollo de la creatividad en los estudiantes y limita seriamente el desarrollo de habilidades fundamentales en ellos.

En consecuencia, podríamos hacernos una pregunta final ¿Es posible hablar de una cuarta revolución en nuestros contextos educativos?, para alcanzar este propósito debemos pensar antes que cualquier cosa en los aspectos más básicos: educación digna y de calidad, antes de dar el salto hacia la consolidación de una educación 4.0, incluso 2.0 y 3.0. Nos referimos a la posibilidad de acceder a la alimentación diaria por parte de nuestros estudiantes, las condiciones sanitarias de tantos establecimientos educativos de nuestro país, la infraestructura física de centenares de escuelas especialmente rurales y que decir del acceso tecnológico. Solo así en algún momento podríamos hablar de transformación educativa, educación para la cuarta revolución y valle del software en este nuestro valle de lagrimas educativo.

Iván Pérez

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